Espero que la mar esté en calma esta noche.
Espero que mi corazón ya no palpite a desorbitadas velocidades cuando tu piel roce la mia.
Rezaré antes de subirme a esa cama a un Dios cualquiera, sin importar pecado ni traición.
Sentiré la brisa que entre por los plieges de mis orejas y el cantar de los dedos de mi mano al rozarse.